El duelo es una emoción fuerte y abrumadora que experimentan las personas cuando sufren la pérdida de un ser querido o reciben un diagnóstico terminal, ya sea para ellos mismos o para alguien cercano. Esta emoción puede hacer que se sientan adormecidos, aislados de la vida cotidiana y con dificultades para cumplir con sus responsabilidades habituales debido al sentimiento de pérdida que experimentan.

El duelo es una reacción natural ante la pérdida y es una experiencia universal pero personal. Cada persona experimenta el duelo de manera diferente, influenciado por la naturaleza de la pérdida. Algunos ejemplos de pérdida incluyen la muerte de un ser querido, el fin de una relación importante, la pérdida de un empleo, la pérdida por un robo o la pérdida de la independencia debido a una discapacidad.
Los expertos aconsejan a las personas que atraviesan por un duelo que comprendan que no pueden controlar el proceso y que se preparen para las distintas etapas del duelo. Comprender el motivo por el que están sufriendo puede resultar útil, así como hablar con otras personas y buscar soluciones a los problemas que puedan causar un gran dolor emocional, como sentirse culpable por la muerte de un ser querido.

El duelo puede durar meses o incluso años. Por lo general, el dolor disminuye con el tiempo y a medida que la persona se adapta a la vida sin el ser querido, a la noticia de un diagnóstico terminal o a la comprensión de que alguien a quien aman puede morir.
Qué es el duelo y sus tipos
Aunque muchas personas asocian el duelo únicamente con la muerte, en realidad es un proceso psicológico natural en el que una persona pasa por una serie de etapas que conducen a la superación de una pérdida. Este proceso tiene diferentes características que permiten clasificarlo en nueve tipos de duelo: normal, anticipado, sin resolver, crónico, ausente, retardado, inhibido, desautorizado y distorsionado.
Tener en cuenta que cada persona vive las etapas del duelo de manera única. No todas las personas experimentan las etapas con la misma intensidad, duración o en el mismo orden. Es común pasar de una etapa a otra y luego regresar a una etapa anterior. Sin embargo, la etapa final del duelo siempre es la aceptación de la pérdida y la incorporación de esta a la propia vida.
A continuación, se describen brevemente los diferentes tipos de duelo:
Duelo normal
Este tipo de duelo comienza inmediatamente después de la pérdida y se caracteriza por un estado de aturdimiento, perplejidad, llanto frecuente y pensamientos recurrentes sobre las cosas que se hicieron o dejaron de hacer con la persona fallecida antes de su muerte. Por lo general, este proceso se supera en un plazo no superior a los seis meses.
Duelo anticipado
Este tipo de duelo ocurre antes de que la pérdida haya ocurrido. Por ejemplo, es común cuando se diagnostica una enfermedad sin cura. Durante este proceso, la persona experimenta de manera prolongada diversos pensamientos y emociones propios de las etapas del duelo, lo cual le permite prepararse emocional e intelectualmente para la pérdida inevitable. Cuando finalmente ocurre la muerte del ser querido, el duelo puede experimentarse en parte como algo que brinda calma.
Duelo sin resolver
Este tipo de duelo se caracteriza por prolongarse durante un tiempo más prolongado de lo considerado normal, entre 18 y 24 meses. La aflicción es tan intensa que la persona no puede reorganizar su vida para adaptarse a los cambios que implica la pérdida. Mantener las cosas y conservar la habitación tal como las dejó la persona fallecida es una conducta asociada a este tipo de duelo. Superar una pérdida implica aceptar el impacto y los cambios que esta trae consigo a la vida, permitiéndose disfrutar nuevamente y conservar los recuerdos felices.
Duelo crónico
Este tipo de duelo también es un duelo sin resolver, pero se caracteriza por no disminuir con el tiempo y puede durar años, incluso hasta la propia muerte. Por ejemplo, abandonar intereses y actividades que se compartían con la persona fallecida, evitar participar en celebraciones y alegrías familiares por creencia de que sería una falta de respeto estar feliz si el ser querido no está presente.
Duelo ausente
Este tipo de duelo se produce cuando la persona niega que la pérdida haya ocurrido. Es una forma de negación en la que la persona evita enfrentar la realidad, incluso después de mucho tiempo. La persona se queda estancada en esta etapa porque no quiere afrontar la situación.
Duelo retardado o aplazado
Es similar al duelo normal, pero su inicio se produce después de un tiempo. Por lo general, ocurre en personas que controlan demasiado sus emociones y aparentan ser fuertes, pero luego, debido a una frustración o pérdida diferente, incluso menos importante, reaccionan de manera exagerada. Esto se debe al dolor no expresado por la pérdida anterior. Por ejemplo, una persona que termina una relación de pareja larga y establecida y rápidamente inicia otra relación que, aunque sea breve, le provoca una depresión inexplicable.
Duelo inhibido
Este tipo de duelo se produce cuando hay dificultades para expresar los sentimientos y la persona evita o se niega a sentir el dolor de la pérdida. A diferencia del duelo ausente, esto no es un mecanismo de defensa. Por lo general, se asocia con quejas físicas como dolores de cabeza y trastornos gastrointestinales. Las limitaciones de la personalidad de la persona le impiden llorar o expresar el duelo.
Duelo desautorizado
Este tipo de duelo ocurre cuando el entorno de la persona no acepta su proceso de duelo. Por ejemplo, cuando después de mucho tiempo la familia reprocha a la persona que aún está en duelo. La persona reprime sus sentimientos frente a su familia, pero internamente no ha superado la pérdida.
Duelo distorsionado
Este tipo de duelo se manifiesta como una reacción desproporcionada ante una situación de pérdida. Suele ocurrir cuando la persona ha experimentado un duelo anterior y se enfrenta a una nueva situación de pérdida.

Aunque existen diferentes etapas y tipos de duelo, la mayoría de las personas son capaces de enfrentarlo y superarlo adecuadamente sin necesidad de ayuda externa. Sin embargo, en algunos casos, es recomendable buscar ayuda profesional cuando el proceso de duelo no sigue el curso esperado, produce alteraciones en el funcionamiento normal de la persona y dificulta su capacidad para dar sentido y hacer planes para el futuro.
¿Cuándo pedir ayuda?
Es importante considerar buscar ayuda profesional en los siguientes casos:
- Cuando, después de un año de la pérdida, no se observa ningún signo de recuperación.
- Cuando, después de 2 o 3 años de la pérdida, no hay una evolución clara y satisfactoria.
- Cuando no hay una respuesta o la respuesta es débil durante las primeras semanas después de la pérdida.
- Cuando, después de las primeras semanas, persisten emociones intensas de rabia, resentimiento, tristeza o culpa.
- Cuando la persona evita hacer referencia a la pérdida y evita cualquier circunstancia que le recuerde a esta.
- Cuando hay un miedo excesivo a la enfermedad y la muerte, malestares físicos frecuentes y consultas frecuentes al médico.
- Cuando hay impulsos destructivos o autodestructivos, abuso de tabaco y alcohol, y comportamientos violentos hacia otros.
- Si la persona tiene antecedentes de depresión, ansiedad o trastornos mentales.
- Cuando la persona experimenta reacciones esperadas en el proceso de duelo pero desea recibir apoyo psicológico.
El duelo, aunque doloroso y complicado, puede ser una oportunidad excepcional para el crecimiento personal y la realización, siempre y cuando seamos capaces de enfrentarlo y de integrar la pérdida correspondiente. Una persona sana es aquella que no intenta escapar del dolor, sino que, sabiendo que ocurrirá, intenta manejarlo. Permítete sentir tus emociones y atravesar este proceso y, si es necesario, busca ayuda profesional.
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