Pero ¿qué pasa cuando su naturaleza mansa se revuelve? nos fascina su calma y nos impresiona su fuerza cuando la muestra en modo de tormenta. es la esencia del cambio constante, con la que es posible identificar nuestras propias vidas. en apariencia, una masa simple de agua donde el horizonte no parece tener fin, y que, sin embargo, esconde todo un universo de vida y de estados. su misterio nos atrapa en cientos de preguntas sin respuesta, admite García.
En mi caso, esta atracción reúne todas estas emociones en una sola palabra: libertad. el mar representa la libertad que la tierra no nos da, concluye el experto.
Qué expresa el mar
La psicóloga Jara Pérez, en su explicación, recoge los granos de arena que van dejando estos amantes del océano: el mar en nuestra cultura tiene connotaciones muy placenteras. cuando tenemos vacaciones, buscamos las mejores playas para pasarlas allí. por un lado, está el tema del contacto con la naturaleza, algo que, las personas que viven en la ciudad, buscan como forma de ocio y relax. por otro lado, tenemos que las características propias del mar, que por cosas como el reflejo de la luz en la superficie, el arrullo del agua y los sonidos nos resulta innatamente placenteras. hay muchos expertos que piensan que bañarse en el mar y el arrullo de una corriente suave nos recuerda al útero de nuestra madre, y por eso resulta tan relajante. yo la verdad es que no lo descarto.

Uno de esos expertos es Wallace J. Nichols, investigador asociado de la Academia de Ciencias de California, que ha dedicado gran parte de su vida a despejar ese magnetismo que nos produce el gran azul, y reúne en el interesante volumen -un bestseller en Estados Unidos- sus hallazgos.Mente azul: la sorprendente ciencia que te muestra cómo estar cerca o dentro del agua te puede hacer más feliz, más sano, más conectado y mejor en lo que hacescombina los últimos estudios en neurociencia, ecología y biología marina con historias personales de atletas, científicos de primer nivel, veteranos militares y artistas.
Qué representa el mar
El pueblo hebreo residía tierra adentro, razón por la que su concepción del mar se relacionaba con el caos, el riesgo y el peligro. El mar de Galilea, también llamado Tiberíades, es un lago de agua dulce que tiene unos 21 km de largo y 13 de ancho, y se halla a unos 212 m bajo el nivel del Mediterráneo, lo que le da un clima semitropical. En la parte occidental del lago, la más poblada, fue donde Jesús desarrolló buena parte de su ministerio: en sus orillas realizó multitud de curaciones (Mt 15,19-29); caminó sobre el agua (Mt 14,25-33) y en medio de una tempestad mandó a las olas que se calmaran (Mt 8,23).
Pero los Evangelios destacan también cómo fue en las costas de este mar donde Jesús llamó a seguirle a Pedro, Santiago y Juan (Lc 5,4-11). Fue allí donde los tres pescadores recibieron la invitación de Jesús para pasar a ser pescadores de hombres, es decir, para pescar en el la zona del caos, el riesgo y del peligro a quienes se dedicarían a sembrar el orden, la bienaventuranza y la bondad. De forma metafórica el mar, símbolo de caos y de misterio, se convierte así en el lugar de origen de quienes pasarán a la luz y al orden según los designios del Dios que predica Jesús.
Qué sensaciones te transmite el mar
Gracias al mar y su gran extensión el cerebro puede desconectar, ya que tiene pocos elementos visibles. Es también su olor, su color, la brisa marina, la temperatura.... todo ello forma un tándem perfecto para la relajación.
De hecho, según estudios recientes, la playa es uno de los mejores lugares para aliviar el estrés y sanar el cerebro. Cierra los ojos e imagina que estás en la playa, no en pleno agosto con los niños corriendo y gritando cerca de ti.... pero hay algo relajante en el sonido de las olas, el olor del agua salada y la sensación de la arena cálida bajo los pies.
Parece que nos plantamos en la arena de la playa y nuestro cuerpo se relaja, nuestra respiración se vuelve más pausada y nuestro cerebro hace clic. Se nos esfuma, de golpe y porrazo, todo el estrés acumulado, el que provocan los grandes espacios urbanos. Por eso es el lugar ideal de vacaciones de la mayoría de los españoles, y también gracias a nuestras preciosas playas. Pero, ¿por qué ocurre? ¿Por qué nos calma tanto el mar? La ciencia dice que la respuesta está en nuestro cerebro.
El mar nos hace más felices
Ir a la playa tiene un efecto abrumador en nuestro bienestar y salud. Hace que nuestro cerebro cambie. Nos recarga las fuerzas, nos da energía y calma nuestra mente. Antiguamente, los médicos tenían una receta mágica: viajar cerca del mar. Y es que se ha demostrado que la respuesta está en nuestro cerebro, pues la corteza prefrontal que es un área asociada con la emoción y la auto-reflexión, entre otras funciones, se activa cuando se escuchan los sonidos de las olas.
Un sonido que sigue un patrón de ondas predecibles, suave en volumen y en frecuencias armónicas a intervalos regulares, que puede llegar a disminuir la ansiedad y los niveles de cortisol que nos generan las grandes ciudades, el tráfico o nuestra rutina laboral o académica. A ello, hay que sumarle la calma que nos transmite la superficie del mar y su color azulado. El ser humano se siente tranquilo y admirado al observar extensiones infinitas, donde no se producen cambios visuales agresivos y su horizonte es total, aunque también es cierto que muchos sienten una verdadera inquietud y pánico.
El mar además nos ayuda a romper con esos círculos viciosos de preocupaciones y pensamientos nocivos que nos persiguen en nuestro día a día. De hecho, los entornos naturales en general, como el mar o los bosques, han demostrado que nos desenganchan de esas obsesiones, pues nos liberan de nuestra vida cotidiana, ya que nada de lo que veamos, tocamos u oigamos nos recuerda a ello.
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